domingo, 10 de agosto de 2008

Epítome

Incubus Parte I

.

Luna Llena; Noche Negra... Tú
.
Inquieta, jadeante, sudorosa, temblorosa. Así recuerdo que fue como desperté; ambiguos recuerdos tengo, no sé si de aquella noche o de aquel sueño que creo que fue. Ojala no haya sido así, de lo contrario que el Señor de la Noche, se apiade de mi, y si deseas volver con tus encantos de alta figura blanca, olores indescriptibles, sabores irreconocibles te pido que al menos, no tengas piedad de mi.
Dos sensaciones, un sentimiento, dos palabras: atracción sexual.
Corriendo por las calles oscuras de Santiago estoy, arrancando de mi sombra, no sé por qué, si ni siquiera tengo sombra. Todas las luces están apagadas, algo ha sucedido o está por suceder. Pronto mi memoria fallará, entrará en trance, lo sé, por eso quiero escribir cada detalle de lo que voy viendo antes de que vengas por mí. Disculpa si la letra es un tanto ilegible o si no escribo bien alguna palabra, pero debes entender en la situación en la que me encuentro. Es difícil estar aquí, así. Si tal vez hubiesen sido otras las circunstancias podrías haberme entendido mejor, pero nuevamente te digo… Sigo corriendo, acabo de pasar por la que antes era mi casa, sé que voy en dirección al norte, algo dentro de mí lo hace sentir así, pero lo extraño, es que yo no quiero ir hacia allá, quiero ir al oeste para poder encontrarme con mi mar, pero por más vueltas que trate de dar, termino siempre en aquella dirección. Algo fuerte me impulsa, tengo miedo; ¡ayúdame!
Cada vez se va haciendo más oscura la noche y con ella más fuerte es el provoque de ir hacia la Luna que está situada frente a mí. Por un momento pienso que ella es quién me llama, quien me cautiva. Con su blancura me atrae, me tranquiliza. Pero no, eras tú, y aquí me tienes ahora, leyéndote como fue el caminar de mi camino hacia aquí. Esto es lo único que tengo escrito, por eso te digo que lo que escuches de aquí en adelante, es lo que voy sintiendo en el momento. Tengo miedo, horror, pero un extraño frenesí me apodera. Quiero volver a correr, alejarme de aquí, pero está la Luna, el vibrar de la Luna, su seducción hacia la tierra, hacia mi.
Tu blanca alta y espectral figura, tu seductor rojo mirar. Cierro los ojos pero aquí estás, en mi mente, con tu negra y suave voz me vas seduciendo, me dejo vencer, me acerco a ti. Me dejo llevar por la voz que me despojó los sueños, que me hizo correr, que me calmó. Poco a poco mi miedo se va apagando, pero comienza a nacer algo nuevo; una sensación, un sentimiento, una palabra: atracción.
Abro los ojos, el cielo está cubierto de espuma espesa, tu silueta se dibuja coquetamente en esta noche oscura, ya no me hablas, solo me miras; me desnudas con tu mirada, me acaricias con tu fuego mirar; me quemas, me apresas. El dolor se va convirtiendo dulcemente en placer. Y tu voz me pregunta: ¿qué es placer? Y a ti, quien lees, te digo que el placer… eres tú.
Dos sensaciones, un sentimiento, dos palabras: atracción sexual.
Powered By Blogger
El tiempo no cura absolutamente nada, sólo te enseña a ocultar de la mejor manera posible.